¿Bailás? Vol. 14: Bajo un cielo que estalla de estrellas


Bailar bajo un cielo que estalla de estrellas. De esos que nos presenta el campo, cuando se nos abre de pronto la intemperie y parece que algo acaba de explotar ahí arriba, mientras uno se refugiaba en otros techos.
Bailar ante los astros que dejaron atrás su historia a años luz, y así desdramatizar un poco las tragedias cotidianas e insignificantes. Bailar para cargarse de ese resplandor. Bailar en una oscuridad encendida solo por ese manto, porque esa penumbra nos permite vislumbrar relieves y algunos límites se desdibujan por un rato. Bailar con la cabeza hacia arriba, delineando con nuestra imaginación constelaciones más fantásticas que las cotidianas. Bailar en la espera de algo: un cometa, una estrella fugaz, una lluvia plateada, algo que transforme esa noche y nos haga gritar: «¡Miren eso!». Bailar hasta que la luz se haga paso y cubra todo, incluso las estrellas y entonces sea hora de dormir. Bailar, entonces, para irse a soñar, pero siempre bailar.



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