¿Bailás? Vol. 15: Bailar bajo la lluvia



Bailar en una ciudad que ensucia a sus habitantes. Bailar porque estamos ciegos al polvo en el aire y ya no nos molesta. Bailar mirando a un cielo que siempre aplasta, cargado de la tierra que nosotros le sacudimos. Bailar para que cuando nos llueva, nos devuelva esa misma nube, esa aglomeración de partículas colectivas, de mugre anónima que no termina de aferrarse del todo. Bailar para que el agua nos regrese todo lo que proferimos, lo que otros dejaron subir o caer, lo que la tristeza llevó a algún sótano, lo que transpiraron los niños y los amantes. Bailar para volvernos a untar de eso cada día, de a poco.

Bailar hasta que llegue un buen aguacero y experimentemos cierto alivio. Bailar porque nos gusta mojarnos y creernos libres. Bailar en una rueda de tormentas y sequías que gira porque nos paramos en ella todos los días. Bailar siempre hasta que pare, y volvamos a tener que bailar.




Foto: Eduardo Jaeger @designerjaeger

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