Sinestesias (0): Alegato

Para muchos de los que vivimos escuchando música, el impulso de musicalizar todo cuanto nos rodea es difícil de refrenar. El comienzo del otoño, una pelea conyugal, las caras de tedio del colectivo de las 7 de la mañana, unas vacaciones, etc.: todo momento tiene su correspondiente soundtrack.



Tengo miles de canciones en mi cabeza que, de modo sinestésico, contienen toda serie de correspondencias: tonos de colores, ritmos que huelen, acordes que ilustran imágenes, melodías que saben a algo.

Por ejemplo, en el abanico de grises, suenan infinitos sonidos. El gris permite afirmar que entre el blanco y el negro hay un punto medio. Sin embargo, ese centro tiene matices por donde se cuelan toda clase de experiencias. Todo depende de los límites que establezcamos, de nuestros extremos.
Nuestros días transcurren así, también. Se empapan de tantos tonos, que jamás podríamos tener un día completamente blanco o uno cien por ciento negro.

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