Dra. Melómana (6): Para llorar a una mamá


La tristeza profunda, lo mismo que el amor intenso, me ponen extremadamente cursi. Cuando el síntoma está a flor de piel, todos creemos que ha aflorado por completo, pero siempre queda pena dentro.

Al vaciarse el cuerpo de lágrimas, el mismo contacto con el aire, el piso, el agua, lo vuelve a cargar de dolor. Cuando la angustia decide brotar, no asoma, chorrea.

Me inunda cuando me levanto, cuando duermo, cuando me despierto en medio de la noche, cuando pienso en el «qué hubiera pasado si», cuando veo las fotos, cuando Benito la llama, cuando me escucho a mí misma diciendo que se murió o cuando me doy cuenta de que antes no entendía nada acerca de lo que les hace a los demás la muerte.

Lo aconsejable en estos casos es automedicar (ver manifiesto) con una dosis musical de canciones para llorarla con fuerza. Para que siga fluyendo todo eso, hasta que pare un poco, o que el cuerpo/mente diga que ya fue suficiente. Y sí, a veces es sano hacerse mierda uno mismo.


CONVERSATION

0 comentarios:

Follow by Email